Historia

¿A mi manera?… A la manera de Dios.
Por: María Elena Hernández
Desde muy temprana edad crecí haciendo todo a mi manera; tomando decisiones según mi propio criterio, y creyendo que ése era el camino correcto.
Un día, Dios puso en mi vida a un joven Pastor que vivía de una forma distinta; él no hacía las cosas a su manera, sino a la manera de Dios.
Mientras yo buscaba servir a las personas en este mundo; él siempre se sujetaba a la voluntad de Dios.
Durante años trabajamos en una institución educativa, donde Dios nos permitió estar; allí, yo era su jefe y él mi autoridad espiritual; compartíamos espacio y tiempo juntos; pero yo todavía, no comprendía el propósito de Dios para mí.
Había algo en ese joven, que llamaba mi atención, era muy diferente a los demás, y despertaba en mí, el deseo de vivir de esa misma forma.
Pasó el tiempo… y un día, Dios nos reveló a mí y a mi familia su propósito; «Jesús es el camino, la verdad y la vida»; mi casa fue escogida por Dios, como el lugar donde se daría inicio la Iglesia de Dios en Cristo Jesús, Casas de Pastoreo Familiar. Allí comenzó la obra, que hasta hoy se mantiene; con una Misión clara y una Visión firme: «Crecer para salvación por el conocimiento de las Sagradas Escrituras, y Sembrar la semilla del evangelio de Jesús, haciendo discípulos que obedezcan lo que Él nos ha ordenado.
Han pasado ya 15 años desde entonces, caminando en esta Gran Comisión, junto a aquel fiel Pastor y su familia; instrumentos de Dios que marcaron profundamente nuestras vidas y la de nuestros hermanos en Cristo.
En este camino hemos tenido muchas experiencias: personas que llegan, permanecen o se van; momentos de gozo, pero también de tristeza; decepciones, aflicciones; proyectos que se cumplen y otros por lograr; pero lo que nunca cambia, es el verdadero fundamento que nos sostiene: «Cristo Jesús, Señor nuestro, ése varón perfecto, a cuya estatura anhelamos llegar».
Tenemos la esperanza de nuestra salvación y nos esforzamos por vivir siempre en integridad, para ser perfectos de corazón, lengua, camino, conciencia, obediencia, fe, amor y unidad.
Somos probados en nuestra débil humanidad, pero seguimos firmes, esforzados y valientes, con una meta clara por alcanzar: «Ser como Jesús».
Cada día pedimos a Dios, que nos guarde sin mancha y apartados del mal, para crucificar los deseos de la carne, de los ojos y la vanagloria de la vida; buscando agradarle en todo, para hacer siempre su voluntad.
Por eso hoy, con convicción y gratitud, puedo decirlo junto a todos los que hemos sido parte de este proceso:
«No es a mi manera… Es a la manera de Dios».

